Bien, ante todo quiero decir que lo expresado en este artículo está totalmente basado en mis observaciones y en mi experiencia como médico en las Urgencias de uno de los mayores hospitales de Estocolmo, Suecia, así como en mi vida como ciudadano sueco. Como mucha gente sabe, Suecia tal vez sea el país del mundo que ha adoptado la actitud más relajada hacia la pandemia de la Covid-19. A diferencia de otros países, Suecia nunca decretó un confinamiento completo. Los negocios no esenciales han permanecido abiertos, la gente ha seguido yendo a cafés y restaurantes, los niños han seguido yendo a la escuela, y muy pocas personas han llevado mascarillas en público.

La Covid-19 golpeó Estocolmo como una tormenta a mediados de marzo. Un día veía en mi consulta a gente con apendicitis y cálculos renales, las cosas habituales que suelen verse en la sala de urgencias. Al día siguiente, todos esos pacientes habían desaparecido y lo único que llegaba al hospital era la Covid. Prácticamente todos los que acudían al hospital daban positivo por Covid, con independencia de los síntomas que presentaran. La gente llegaba con una hemorragia nasal y tenía Covid. Llegaba con dolor de estómago y tenía Covid.

Después, al cabo de unos meses, desaparecieron todos los pacientes de Covid. Han pasado cuatro meses desde el comienzo de la pandemia, y no he visto ni un solo paciente con Covid en más de un mes. Cuando le hago la prueba a alguien porque tiene tos o fiebre, la prueba sale siempre negativa. En el pico de hace tres meses, cien personas morían al día con Covid en Suecia, un país con una población de diez millones de habitantes. Ahora sólo mueren unas cinco personas al día en todo el país, y ese número sigue disminuyendo. Dado que la gente generalmente muere alrededor de tres semanas después de la infección, eso significa que ahora mismo prácticamente ya no hay contagios. Si suponemos que alrededor del 0,5% de los infectados mueren (cifra que considero demasiado generosa, véase más adelante), entonces eso significaría que hace tres semanas se infectaban al día en todo el país unas 1.000 personas, lo que se traduce en que las posibilidades de que una persona se contagie es de 1 entre 10.000, lo que constituye un riesgo minúsculo. Y recuerden que el riesgo de morir se sitúa, como mucho, en 1 caso entre 200 si realmente se está contagiado. Y eso fue hace tres semanas. Básicamente, podemos decir que en Suecia la Covid-19 ha llegado a su fin en todos los sentidos. Después de cuatro meses.

En total, la Covid ha matado a menos de 6.000 personas en un país de diez millones de habitantes, y que cuenta con una tasa de mortalidad anual de alrededor de 100.000 personas. Considerando que el 70% de los fallecidos con Covid tenía más de 80 años, una gran parte de esas 6.000 personas habrían muerto igualmente este año. Eso hace que la Covid constituya una incidencia menor en lo que se refiere a la mortalidad.

Por eso carece de sentido comparar la Covid con otras grandes pandemias, como la de 1918 que mató a decenas de millones de personas. La Covid nunca se acercará ni remotamente a esas cifras. Y, sin embargo, muchos países han cerrado por completo sus economías, han impedido que los niños vayan a la escuela y han dejado sin empleo a grandes sectores de su población, todo con el fin de poder hacer frente a esta enfermedad.

Los medios de comunicación no han dejado de repetir que sólo un pequeño porcentaje de la población tiene anticuerpos, y que por lo tanto es imposible que se haya desarrollado la inmunidad de rebaño. Bien, entonces, si la inmunidad de grupo no se ha desarrollado, ¿dónde están todos los enfermos? ¿Por qué la tasa de infección ha descendido de forma tan acusada? Habida cuenta de que ahora mismo en Suecia la mayoría de la gente lleva una vida completamente normal, sin distancia social y sin mascarillas, en teoría debería haber una alta tasa de contagios.

El motivo por el que hacemos pruebas de anticuerpos es porque es fácil y barato. Los anticuerpos no son, de hecho, la principal defensa del cuerpo contra las infecciones víricas, sino las células T. Pero las células T son más difíciles de medir que los anticuerpos, así que no lo hacemos clínicamente. Es muy posible tener células T específicas para la Covid-19 y, por lo tanto, ser inmune a la enfermedad, sin tener anticuerpos. Personalmente, creo que esto es lo que ha sucedido. Todas las personas que trabajan en la sala de urgencias donde yo trabajo se han hecho la prueba de anticuerpos, y muy pocos tienen anticuerpos. Esto a pesar de haber estado expuestos a un gran número de personas infectadas, incluso al principio de la pandemia, antes de que nos diéramos cuenta de lo extendida que estaba la Covid-19, cuando nadie llevaba equipos de protección.

No estoy negando que la Covid pueda resultar terrible para la gente que realmente enferma, o para las familias de las personas que mueren, igual de terrible que para las familias de las personas que mueren de cáncer, o de gripe, o de una sobredosis de opiáceos. Pero en la mayor parte del mundo (sin incluir a Suecia), las dimensiones de la respuesta han sido totalmente desproporcionadas a la magnitud de la amenaza.

Suecia se arrancó muy rápido la tirita ―metafóricamente hablando― y terminó con la epidemia en poco tiempo, mientras que el resto del mundo ha optado por tratar de quitarse la tirita lentamente. En la actualidad, eso significa que Suecia tiene una de las mayores tasas de mortalidad del mundo. Pero en Suecia la Covid-19 ha llegado a su fin. La gente ha retomado su vida normal y casi nadie se está infectando. Apostaría que los países que se han confinado completamente verán dispararse sus tasas cuando se abran. Si ese es el caso, entonces el confinamiento no habrá tenido ningún sentido, porque todos esos países terminarán de todos modos con el mismo número de muertos. Confinarse por completo para disminuir el número total de muertes sólo tiene sentido si se está dispuesto a permanecer encerrado hasta que esté disponible una vacuna. Eso podría llevar años. Ningún país está dispuesto a esperar tanto tiempo.

En estos momentos, la Covid-19 ha matado hasta ahora a algo menos de 6000 personas en Suecia. Es muy poco probable que el número de muertos supere los 7.000. En un año de gripe normal, en Suecia mueren de gripe una media de 700 personas. ¿Significa esto que la Covid es diez veces peor que la gripe? No, porque la gripe lleva siglos circulando, mientras que la Covid es completamente nueva. En un año de gripe normal, la mayoría de las personas ya tienen algún grado de inmunidad porque ya han sido infectados con anterioridad con una cepa similar, o porque están vacunados. Así que es muy posible, y de hecho es muy probable, que la tasa de letalidad de la Covid sea la misma que la de la gripe, o si acaso levemente superior, y que toda la diferencia que hemos visto se deba a la completa falta de cualquier inmunidad en la población al comienzo de esta pandemia.

Esta conclusión concordaría con las cifras de muertes en Suecia. Si hemos llegado a un punto en el que ya casi no hay infecciones activas, a pesar del hecho de que apenas hay distancia social, eso significa que al menos el 50% de la población ya ha sido infectada y ha desarrollado inmunidad, es decir, cinco millones de personas. Esta cifra es perfectamente razonable si asumimos que el número de reproducción del virus es de dos: si cada persona infecta a dos más, en un periodo de cinco días entre el momento en que se infectan y el momento en que infectan a otros, y se empieza con una sola persona infectada en el país, entonces se llegará a un punto en el que en sólo cuatro meses habrá varios millones de contagios. Si de los cinco millones de infectados sólo mueren 6000 personas, la tasa de mortalidad es del 0,12%, aproximadamente la misma que la de la vieja gripe común, a la que nadie teme en absoluto, y por la que no cerramos nuestras sociedades.

Sebastian Rushworth es un médico sueco que trabajo en las Urgencias de un hospital de Estocolmo, Suecia. Para más información, véase su web: https://sebastianrushworth.com/.

(Artículo aparecido en la web del autor el 4 de agosto de 2020)

2 comentarios en «¿Es la Covid-19 tan grave? Testimonio de un médico sueco»

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